Monto el sistema que ordena tus consultas, avisa a quién hay que contestar y hace el seguimiento que hoy no hace nadie. En semanas, no en meses.
Para negocios que ya reciben consultas y no dan abasto para atenderlas todas.
Sin compromiso. En la llamada te digo si tienes fuga o no, y cuánto te cuesta.
Todos los que han preguntado, y en qué punto está cada uno
Te avisa solo, no hay que acordarse
Todo lo que se ha hablado con esa persona, en un sitio
Las pierde porque la consulta llegó un jueves a las ocho, se quedó entre otras cuarenta y nadie volvió a acordarse.
Si no sabes a quién le toca hoy, no le llamas. Y si no le llamas, esa venta no existe, aunque la persona estuviera interesada.
Nadie se queda esperando dos días a que alguien mire
Quién preguntó, en qué punto está y qué quedó pendiente
Avisos automáticos de a quién toca contactar hoy
La venta se cierra al segundo o tercer contacto, no al primero
Cuántos entraron y cuántos se atendieron, en una pantalla
La mayoría de negocios ya ha probado un CRM que acabó vacío a los dos meses. La diferencia no está en la herramienta, está en que alguien la monte a la medida de cómo trabajáis y se quede a sostenerla mientras se coge la costumbre.
Yo lo monto, lo pongo en marcha con tu equipo y lo mantengo funcionando. Si algo deja de encajar, se cambia.
Que quien se interesa acabe hablando contigo. Según el caso: una página corta donde aterrizar, un formulario conectado, o algo que recoja las consultas mientras tú no puedes atender.
Una sola pantalla con todos los que han preguntado y en qué punto está cada uno. Se abre por la mañana y ya sabes a quién llamar.
Avisos para que nadie se quede colgado. Aquí es donde se recuperan las ventas que ya dabas por perdidas.
Formulario, WhatsApp, Instagram o teléfono: cada consulta se apunta sola, en el momento. Y una vez dentro, cada cambio de estado dispara su automatización, corriendo en un servidor que reviso yo cada mes.
No hace falta que sepas qué es cada pieza. Lo único que importa es que corre sola, y que cada mes reviso que sigue viva.
Miramos juntos cuánta gente te escribió el mes pasado y cuántos siguen sin respuesta. Si no hay agujero, te lo digo y ya está.
En semanas. Yo lo construyo, tú sigues trabajando. Cuando está listo, lo vemos juntos y se ajusta a cómo trabajáis.
Cada mes reviso que sigue funcionando, ajusto lo que haga falta y te enseño el número: cuántos entraron y cuántos se atendieron.
Prefiero decírtelo aquí que hacerte perder veinte minutos en una llamada.
Hay un montaje inicial, que se paga una vez, y luego una cuota mensual fija por llevarlo: sin comisiones por venta y sin permanencia. Los dos números dependen de cuántas consultas te entran y de por cuántos sitios te escriben, así que te los doy cerrados en la llamada, antes de que decidas nada. Lo sabes antes de empezar, no después.
Perfecto, entonces la mitad del trabajo está hecha. El problema casi nunca es no tener herramienta, es que nadie la mantiene viva. Lo miramos y, si sirve, se aprovecha.
Y así debe ser. Esto no contesta por ti: lo que hace es que no se te escape nadie mientras no puedes atender, y avisarte de a quién le toca. Quien habla con el cliente sigues siendo tú.
Semanas, no meses. Se empieza por lo que más fuga tiene y se amplía después.
El propio sistema te lo enseña: a los dos meses ves cuántos entraron y cuántos se atendieron. Si el número no mejora, no hay nada que defender.
Veinte minutos. Miramos tus números, te digo si hay fuga y cuánto te está costando. Si no la hay, te lo digo igual y no te vendo nada.